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Carta abierta al futuro

Foto del escritor: Lua Malakian
Lua Malakian
hace 13 horas
2 min de lectura

Al hijo que ya vive en mí incluso antes de nacer.


Sigo pensando... algo día seré madre?


Tendré la oportunidad y la nobleza de vivir este amor que dicen que es el más puro del mundo? A menudo me encuentro soñando despierto, imaginando cómo sería escuchar una vocecita llamándome madre, cómo sería mirar a los ojos de alguien que lleva parte de mí y parte de mi historia. Este pensamiento me acompaña en silencio, como si fuera una llama encendida dentro de mí. No sé cuándo, no sé cómo, pero espero que algún día Dios me conceda este milagro. Y cuando llegue ese día, hijo, quiero que sepas: ya fuiste amado mucho antes de existir. Hablar de ti es hablar de un sueño que aún no se ha hecho realidad, pero que ya vive dentro de mí. Ser madre es algo que siempre he deseado con todo mi corazón y, cuando pienso en ti, siento que mi vida adquiere un nuevo sentido, incluso antes de tenerte en mis brazos. Es como si mi corazón ya supiera que nació para eso: para ser su hogar, su raíz, su puerto seguro. Todos los días imagino el instante en que escucharé su primer llanto, tomaré su pequeña mano y me daré cuenta de que, por fin, todo encajó. Espero, con toda la fuerza de mi alma, que vengas con los ojos que tanto le pedí a Dios. Ojos llenos de luz, que expresan pureza y esperanza, que guardan dentro de ellos el misterio de la vida y la certeza del amor. Que sean ojos que transmitan bondad y verdad, porque sé que la mirada es la ventana del alma, y deseo que su alma sea infinita en amor. También sueño que, al crecer, lleves en tu personalidad la esencia de tu abuela, la mujer que me enseñó tanto solo con tu forma de ser. Si heredas su corazón, tendrás una fuerza serena que no se puede explicar, una bondad que acoge y una sabiduría que guía. Quiero que tengas la sonrisa que cura, la forma sencilla de hacer el mundo más ligero y el coraje de enfrentar la vida sin perder nunca la fe. Sería una bendición sin medida ver en ti el reflejo de ella, continuando su luz en el mundo a través de ti. Hijo, ser tu madre será el mejor regalo de mi vida. Estaré a tu lado en cada paso, estaré orgulloso de cada logro, pequeño o grande, y tomaré tu mano en cada dificultad. Enseñaré lo que pueda, pero sé que tú también serás mi maestro, porque los niños tienen el don de transformar a sus padres y revelarles fuerzas que nunca imaginaron tener. Te espero con toda la paciencia del mundo, porque sé que cuando llegue, el tiempo habrá sido perfecto. Hasta entonces, te llevaré en pensamiento, en oración, en mi pecho lleno de amor. Eres promesa, eres esperanza, eres futuro. Es el sueño que me hace sonreír sola y la razón que ya me calienta el corazón. Y cuando llegue ese día, cuando finalmente pueda mirarte a los ojos y llamarte hijo, entenderé que la maternidad es, en realidad, el encuentro más sagrado entre el amor humano y el amor divino.


Te espero, mi amor.


Con toda la ternura del mundo,


Su madre.

 
 
 

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